domingo, 26 de enero de 2014

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO III

Este domingo el Señor nos enseña a dar en nuestro interior un nuevo paso de madurez cristiana: ¡seguirle en serio! ¿Quiénes somos respecto a Él y en relación a nuestros hermanos?
La vida no se detiene, los avatares políticos siguen los rumbos que los hombres les imprimen y los derroteros que ellos emprenden con sus decisiones: Juan es arrestado y Jesús se retira de su ejercicio preliminar y empieza un camino nuevo. Se va a la orilla del lago y comienza a proclamar una verdad hasta ahora no dicha: ¡El Reino de Dios está cerca! ¿Qué quiere decir? Los hechos aclaran un poco, las palabras son contundentes: ¡¡¡Conviértanse!!! No hay tiempo que perder. ¡Ya el bautista lo había anticipado! Pero Jesús no se detiene en un lugar, es itinerante, va de pueblo en pueblo, cura, libera, habla claro y seguro, con autoridad, atrae, pero no se deja atrapar por nada. Llama y no espera a que nos decidamos, Él sigue adelante, te toca a ti decidir ya, no desprecia ninguna oportunidad, pero no retrasa su paso: ¡solo se debe a una persona y es a ella a la que hace constantemente referencia: su Padre, el que lo envió! Así es Luz para todo el mundo.
“¡Vengan, los haré pescadores de hombres!” La invitación es precisa y deberemos aprender, como lo hicieron los primeros. Solo se aprende siguiendo al Maestro: ¡no hay otro modo, sólo Él es Él!
Dios también nos llama a cada uno de nosotros a través de su Hijo Jesucristo. María es nuestra Madre auxiliadora y Maestra como lo fue para nuestro padre, Don Bosco. Nos toca ser discípulos y dóciles oyentes del Maestro como la Maestra. Don Bosco nos enseña ¡Su fiesta nos anime!
Unidos en oración con María, nuestra Madre y don Bosco, nuestro padre y patrono:


P. José Mª Domènech SDB 

Cristo, Luz de Vida Nueva, viene a nosotros y nos llama a vivir en Él y compartirlo; eso pide conversión: ser solo de Él, sin otros intereses que los suyos.
Is. 8, 23b-9, 3:               En un primer tiempo, el Señor humilló al país de Zabulón y... de Neftalí, pero en el futuro llenará de gloria la ruta del mar..., el distrito de los paganos. El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz... Tú has multiplicado la alegría..., ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha... Porque el yugo que pesaba sobre él... lo has destrozado como el día de Madián.
Salmo 261.4.13-14:            El Señor es mi luz y mi salvación
1Cor. 1, 10-14.16-17:  En nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo los exhorto a que se pongan de acuerdo: no haya divisiones entre Uds. y vivan en perfecta armonía, teniendo una misma manera de pensar y sentir... Me refiero a que cada uno afirma: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo» ¿Acaso Cristo está dividido? ¿O es que Pablo fue crucificado por Uds.? ¿O será que Uds. fueron bautizados en el nombre de Pablo?... Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la Cruz de Cristo no pierda su eficacia.
Mt. 4, 12-23:                 Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró de Galilea. Y... se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:... A partir de ese momento Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse por que el Reino de los Cielos está cerca.» Mientras caminaba a orillas del Mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a... Andrés, que echaban las redes al mar, porque eran pescadores. ...les dijo: «Síganme, yo los haré pescadores de hombres.» Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago,..., y a... Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente ellos dejaron la barca y su padre, y lo siguieron. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas..., proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente.
¿En qué tinieblas nos encontramos, qué tinieblas nos amenazan? Por un lado, nuestro mundo está sumamente desconcertado; muchos ‘ídolos’ nos rodean: el ‘ansia’, de cosas, de poder –pequeño o grande–, de placer, de prestigio, satisfacciones que no acabamos de dejar. Por otro, la crisis de identidad y de misión que muchos creyentes vivimos: ¿Qué somos en medio de tantas religiones? ¿Qué tenemos que hacer en esta sociedad? ¿Vale la pena arriesgar la propia tranquilidad por mantenerse fiel a una Fe que pide vida de testimonio público y claro, cuando casi ni nuestros hijos la valoran y menos gran parte de nuestros amigos?
¡El pueblo que camina en tinieblas ha visto una gran luz! ¿El Señor es mi Luz y mi Salvación?
¡Es la vida concreta la que debe hablar claro y alto, no tanto las palabras, que se las lleva el viento! Nuestras Comunidades y nuestras familias, ¿viven en la Luz de Cristo y como reflejo de ella? ¿Al menos lo hacemos nosotros en ellas?
No olvidemos que nuestro mundo lo formamos nosotros; no es una realidad que ‘sufrimos’. ¿Qué marca dejamos en él? Cristo Jesús nos ha llamadotambién a nosotros– para que seamos pescadores de hombres.
En nuestros ambientes, ¿“armamos lío” –como dice el Papa– siendo coherentes a nuestra Fe? ¿Se nota que somos cristianos? O somos “normales”: somos como todos, hablamos como todos, pensamos como todos, sentimos como todos, tenemos los mismos intereses y criterios, es decir, no ‘incomodamos’ a nadie.

La Luz, Cristo, rasga también hoy las tinieblas, nos saca de la esclavitud, como en otro tiempo a Israel.

Con el destierro, los paganos tomaron las tierras de Israel, sobre todo las del norte y no salieron más.
Los israelitas, al volver, aprendieron a convivir con ellos y ‘se adaptaron’: allí empezó Jesús a predicar.

Es la Comunidad cristiana es la que testifica, con su actitudes, que Cristo la va transformando a fondo.

La Comunidad de Corinto da mal testimonio: busca prestigio; ¡eso no cristiano: separa, divide, mata!
Dios no se cansa y confía en todos, pero no suple nuestra responsabilidad. Por eso Pablo debe hablar.
La verdad afrontada desde la Palabra y la oración les ayudará a dejar que Cristo sea el único centro.

Jesús nos pide, personalmente, llamar a todos al Reino, desde los más necesitados –nadie excluido–.

La predicación de Jesús comienza en la peor zona de Israel; no desea que nadie pierda la posibilidad.
El Reino –Él– está cerca: ¡Conviértanse! ¡Nos toca a todos centrarnos en Él: dejar lo que nos separe!
Llamados por Él, para anunciar con Él. Es nuestra misión como bautizados, como los apóstoles.
Pidamos a María fiarnos de la gran confianza de Dios en nosotros: es su obra, ¡dejémosle en libertad!

No hay comentarios:

Publicar un comentario