lunes, 12 de enero de 2009

Carta desde el Cielo


Paz y bien:
Dios se comunica con los hombres de muchas maneras. Las Sagradas Escrituras se refieren a muchas comunicaciones divinas hechas a través de visiones y aún de sueños. Los sueños, no siempre son sólo sueños.
Comparto con ustedes la carta de un alma buena que ahora y para siempre puede gozar de la eterna felicidad en el Cielo y que nos sirve de estimulo para aspirar a llegar también nosotros a ese lugar maravilloso que desde siempre el Señor nos preparó.
Espero que también ustedes puedan compartirla con familiares, amigos y con todas las personas que puedan para hacerles participes del amor misericordioso de Dios que quiere que todos nos salvemos y lleguemos al Cielo.



Hace catorce años murió Alfredo, mi segundo hijo. Iba paseando en moto por Colonia el 8 de diciembre, día de la Virgen, donde lo atropella un camión, quedando en coma. Lo vamos a buscar con mi marido y lo traemos a Buenos Aires para que muera acá pues ya nos habían dicho que no había nada por hacer. Yo se lo encomiendo a la Virgen de San Nicolás, prometiéndole rezar todos los días el Rosario si lo salvaba. El 10 a la mañana Alfredo se muere. Hasta que no se vive la muerte de un hijo no se puede ni siquiera imaginar la profundidad e intensidad de ese dolor. Parece que la propia vida se acaba, que todo se termina, sólo deseaba morirme yo. Sentía que me hallaba en un pozo de dolor, negro, oscuro y profundo. Cuando pasaron los días y pude decir " Hágase Tu Voluntad " la oscuridad empezó a disiparse; seguía el dolor y la tristeza, y allí en el fondo del pozo encontré el Amor y la ternura de Dios. Así pude ver los signos y señales que nos enviaba Alfredo para decirnos que estaba bien. Mis hijos soñaban con él y en todos los sueños había un mensaje de Esperanza; "Decile a mamá que estoy muy bien. Que no llore. Que ahora no entiende, pero más adelante va a entender". Experimenté que se puede sentir el más profundo de los dolores, junto a una gran alegría. El broche de oro de todos los sueños fue la carta de Alfredo. En agosto de 1993 Clara con su marido Javier y los chicos, Estanislao y Catalina, va al campo de unos amigos. Es de noche, los chicos duermen mientras suena una música suave en el auto. Clara se pone a rezar y pensar como extrañaba a su hermano, y de pronto siente que Alfredo le habla y termina su mensaje nombrando a Santo Tomás. Guardó en su corazón estas palabras, sin contárselo a nadie, y a los tres días al volver a su casa, pidiéndole a Alfredo que le ayude a escribir su mensaje, escribe así: Carta de Alfredo Si te pudiera contar como se vive el tiempo acá. Antes, cuando vivía en la vida terrena siempre había un momento para esperar, un viaje, una fiesta, un día por el que cada uno espera. Acá no es necesario esperar, esos días están en el momento. Dios nos hace tan limitados al principio para después mostrarnos lo que es ser libres realmente. Ahora, no puedo creer haber visto el mundo por dos agujeritos tan chiquitos como son los ojos. Acá podés mirar todo sin límites y no es como allá que al mirar te encontrás con cosas tristes, acá mirás y es todo un placer. Nunca vi nada en La Tierra tan lindo como esto. Yo puedo ver, no solo este paraíso sino a cada uno de ustedes, en el mismo momento, puedo verlos aunque estén en lugares diferentes. También quería contarte que tengo un jardín, ¡tan lindo!........y que cuando pase este tiempo que están viviendo y estén acá en Dios y conmigo vamos a poder recorrerlo juntos, te voy a mostrar cada flor que tengo, las tengo gracias a los actos de amor de la gente que quiero, cada vez que hacen un acto bueno de amor florece una flor y yo se cual es de cada uno y las riego, las cuido y las vigilo para que siempre estén ahí y no desaparezcan. Ya vas a entender cuando estemos juntos y podamos abrazarnos como sé que tanto soñás. NO TE GUARDES TODO ESTO. Tenés tanta Fe cuando te hablo, que se me hace más fácil, hacé de cuenta que te llamé por teléfono, por el teléfono del alma. Y si alguien cree que todo esto es ridículo, no importa.....es tan corto ese tiempo que enseguida van a descubrir la verdad. Ahora que conozco la vida de Jesús, no hagas como Santo Tomás. Los ojos y el ver, no te confirman nada, SOLO EL ALMA LO HACE. Alfredo Correas Y haciendo caso a Alfredo que nos pedía que no nos guardáramos todo esto, lo contamos y hoy sabemos que la carta de Alfredo ha sido consuelo para muchos que como nosotros creemos sin haber visto. "Los ojos y el ver no te confirman nada. Sólo el alma lo hace."Hace catorce años murió Alfredo, mi segundo hijo. Iba paseando en moto por Colonia el 8 de diciembre, día de la Virgen, donde lo atropella un camión, quedando en coma. Lo vamos a buscar con mi marido y lo traemos a Buenos Aires para que muera acá pues ya nos habían dicho que no había nada por hacer. Yo se lo encomiendo a la Virgen de San Nicolás, prometiéndole rezar todos los días el Rosario si lo salvaba. El 10 a la mañana Alfredo se muere. Hasta que no se vive la muerte de un hijo no se puede ni siquiera imaginar la profundidad e intensidad de ese dolor. Parece que la propia vida se acaba, que todo se termina, sólo deseaba morirme yo. Sentía que me hallaba en un pozo de dolor, negro, oscuro y profundo. Cuando pasaron los días y pude decir " Hágase Tu Voluntad " la oscuridad empezó a disiparse; seguía el dolor y la tristeza, y allí en el fondo del pozo encontré el Amor y la ternura de Dios. Así pude ver los signos y señales que nos enviaba Alfredo para decirnos que estaba bien. Mis hijos soñaban con él y en todos los sueños había un mensaje de Esperanza; "Decile a mamá que estoy muy bien. Que no llore. Que ahora no entiende, pero más adelante va a entender". Experimenté que se puede sentir el más profundo de los dolores, junto a una gran alegría. El broche de oro de todos los sueños fue la carta de Alfredo. En agosto de 1993 Clara con su marido Javier y los chicos, Estanislao y Catalina, va al campo de unos amigos. Es de noche, los chicos duermen mientras suena una música suave en el auto. Clara se pone a rezar y pensar como extrañaba a su hermano, y de pronto siente que Alfredo le habla y termina su mensaje nombrando a Santo Tomás. Guardó en su corazón estas palabras, sin contárselo a nadie, y a los tres días al volver a su casa, pidiéndole a Alfredo que le ayude a escribir su mensaje, escribe así: Carta de Alfredo Si te pudiera contar como se vive el tiempo acá. Antes, cuando vivía en la vida terrena siempre había un momento para esperar, un viaje, una fiesta, un día por el que cada uno espera. Acá no es necesario esperar, esos días están en el momento. Dios nos hace tan limitados al principio para después mostrarnos lo que es ser libres realmente. Ahora, no puedo creer haber visto el mundo por dos agujeritos tan chiquitos como son los ojos. Acá podés mirar todo sin límites y no es como allá que al mirar te encontrás con cosas tristes, acá mirás y es todo un placer. Nunca vi nada en La Tierra tan lindo como esto. Yo puedo ver, no solo este paraíso sino a cada uno de ustedes, en el mismo momento, puedo verlos aunque estén en lugares diferentes. También quería contarte que tengo un jardín, ¡tan lindo!........y que cuando pase este tiempo que están viviendo y estén acá en Dios y conmigo vamos a poder recorrerlo juntos, te voy a mostrar cada flor que tengo, las tengo gracias a los actos de amor de la gente que quiero, cada vez que hacen un acto bueno de amor florece una flor y yo se cual es de cada uno y las riego, las cuido y las vigilo para que siempre estén ahí y no desaparezcan. Ya vas a entender cuando estemos juntos y podamos abrazarnos como sé que tanto soñás. NO TE GUARDES TODO ESTO. Tenés tanta Fe cuando te hablo, que se me hace más fácil, hacé de cuenta que te llamé por teléfono, por el teléfono del alma. Y si alguien cree que todo esto es ridículo, no importa.....es tan corto ese tiempo que enseguida van a descubrir la verdad. Ahora que conozco la vida de Jesús, no hagas como Santo Tomás. Los ojos y el ver, no te confirman nada, SOLO EL ALMA LO HACE. Alfredo Correas Y haciendo caso a Alfredo que nos pedía que no nos guardáramos todo esto, lo contamos y hoy sabemos que la carta de Alfredo ha sido consuelo para muchos que como nosotros creemos sin haber visto. "Los ojos y el ver no te confirman nada. Sólo el alma lo hace."