domingo, 27 de junio de 2010

CICLO C - TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XIII (P: José Mª Doménech SDB)


CICLO C - TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XIII
Cristo nos llama a seguirle ahora, dejándolo todo atrás, esté dentro o fuera de nosotros mismos: el Reino de Dios nos pide toda la vida.
1R. 19, 16b.19-21: "El Señor dijo a Elías: «Unge a Eliseo… para que sea tu sucesor como profeta» Elías fue, encontró a Eliseo, hijo de Safat, que araba con doce parejas de bue-yes… Elías… le echó encima su manto de profeta. Eliseo dejó los bueyes, co-rrió tras Elías y le dijo: «Voy a despedirme de mis padres y vendré contigo» Elías le dijo: «Vete…»… Después se fue con Elías y era su ayudante".
Salmo 15: "Señor, Tú eres la parte de mi herencia".
Gal. 5, 1.13-18: "Cristo nos ha liberado del yugo de la esclavitud y desea que seamos libres. Manténganse así… Pero fíjense bien, para no convertir la libertad como pretexto para hacer el propio gusto… Déjense guiar por el Espíritu y no den gusto a los caprichos de la carne… Si se dejan conducir por el Espíritu ya no están sujetos a la ley.".
Lc. 9, 51-62: "…Jesús… decidió resueltamente encaminarse a Jerusalén… Mientras avanzaba, alguien le dijo: «Te seguiré a donde vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen guaridas y las aves, nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Jesús dijo a otro: «Sígueme» Él le contestó: «Permíteme primero enterrar a mi padre» Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios». Otro dijo a Jesús: «Te sigo, Señor, pero déjame despedirme de los míos». Jesús le respondió: «Quien pone la mano en el arado y sigue mirando atrás, es apto para el Reino de Dios»."
Todos deseamos ser libres, ser señores de lo que nos rodea. ¿Quién no? ¡Además, es nuestra vocación! Pero, ¿cuántos sabemos cómo lograrlo? ¿Dónde está la primera dificultad, dentro o fuera de nosotros mismos? Si estamos atentos a la historia y a nuestro interior, nos da-remos cuenta que la mayor dificultad de nuestra libertad está en nuestro propio interior.
¡Cuántos creen que la ciencia, la tecnología, el progreso nos dará el soñado señorío y la ansiada libertad! Pero la realidad nos muestra que las cosas son de muy diverso modo. Cada día nos mostramos más esclavos, pero ahora con mucha más conciencia de ello. Nos llenan tantos complejos, tabús y anti-tabús; nos esclavizan la soberbia, codicia, violencia, venganza, placer; nos tiene atrapados el materialismo ambiental; la droga nos domina: su mentira y su comercio son un real, premeditado, cruel y lento asesinato social, al amparo de muchos poderosos.
Estamos en un momento de ‘crisis’, como lo es toda tentación; ¿a quién escuchamos? Sinceramente, ¿qué buscamos? La verdad nos hará libres, pero hay que aceptarla vitalmente.
Dios no nos impide nada, pero nos lo pide todo: dárselo es el único signo de real seguimiento
Eliseo recibe el llamado y decide dejarlo todo por el Señor, a quien el profeta representa. La respuesta es decidida y sin ataduras: ésta es la actitud del que piensa que lo que se le propone es vital. Hacer cálculos es propio de quien está apegado a sus proyectos y visiones.
El Señor lo pide todo, para poder salvar todo lo que somos. O nos arriesgarnos a con-fiárselo todo al Señor, o nos perderemos en el laberinto de un mundo más y más desorientado.
El ejercicio recto la libertad nos pide lucha diaria para no quedar encadenados a nada
Pablo nos invita a dejarnos guiar, no por un profeta, sino por el Espíritu. Él nos hará pro-fetas de la libertad que nos libera constantemente y de todo. ¡Y hablando desde la propia vida!
La libertad de Dios nos lleva a amar basados en la Fe, mucho más allá de las normas que nos dicte la prudencia humana o la ley, ninguna despreciable, o las conveniencias calculadas.
Los criterios de Dios, porque nos superan, nos enaltecen, por eso no coinciden, y hasta se enfrentan, con las limitadas, y a veces miopes, e incluso manipuladas visiones humanas.
Lo que retrase el seguimiento de Jesús es objetivamente perjudicial a nuestro ser hijos de Dios
Jesús nos exige, para que seamos libres, no dejarnos atrapar por nada: ni seguridades; ni tradiciones, ni las religiosas; ni afectos o experiencias del pasado que llevamos dentro.
Que sólo Dios sea nuestra herencia. Ello nos lleva a darlo todo por el Reino y su Vida; dejar atrás todo lo que se refiera al pecado, muerte de la vida y de la libertad interior; liberarse de añoranzas o falsas imágenes, sean de Cristo o de la Iglesia: ¡jamás mirar atrás!
Pidamos a María la valentía de decir sí a Cristo ahora buscando mayor intimidad con Él.
Lucas nos presenta a Cristo decidido. Sube a Jerusalén. Sabe a dónde va. Pero es el cami-no por el que le lleva el Espíritu, según las Voluntad salvífica del Padre, que también es la suya, y no se deja atrapar por el miedo, aunque no dejará de sentir angustia a su tiempo.
Le mueve el Amor. De hecho, el Amor nos lleva a hacer locuras que, cuando son co-herentes con la vocación de la persona humana en el Plan de Dios, siempre tienen consecuencias beneficiosas, y muy saludables, para todos los implicados y para los destinatarios que las valoren y aprovechen.
Lo mejor que puede hacer una persona, cuando Dios llama, es aceptar y seguirlo, como se nos invitaba el domingo pasado...
Lo peor que puede hacer es centrarse en uno mismo y calcular. Cuando uno empieza a calcular, de inmediato se le presenta un "asesor" voluntario que le hace reparar en los costos de todo nivel, pidiéndonos 'prudencia', 'sensatez' y 'cautela. ¡¡¡Como si Dios fuera un aprovechado de nuestra buena Fe!!! ¡Como si fuera peligroso! Si fuera así, no hubiera muerto Él mismo en la cruz por nosotros. ¿No creen? ¿No les parece estúpido que, después de un tan terrible sacrifico, trate de engañarnos y aprovecharse de nosotros?
Eliseo, al ser llamado, no lo duda, y eso que quien le lama, ciertamente en nombre de Dios, es un profeta, hombre como él; claro que hombre de Dios reconocido, pero hombre a fin de cuentas. Sin embargo, Eliseo lo deja todo y le sigue.
Pablo nos pide lo mismo, pero ya invitándonos a dejarnos guiar por el Espíritu. Nos aclara que las inclinaciones naturales de la carne y las invitaciones del Espíritu caminan por muy di-versos caminos, cuando no opuestos, si no las hemos cuidado ni las hecho madurar en el Espíritu.
Seguir a Jesús es de decididos.
No esperemos mucho, pues podemos quedar atrapados en la carne o en idolologías em-brutecedoras o en hábitos paralizantes de las habilidades del espíritu humano. Lo mejor ante la invitación de Jesús es decir sí, cuanto antes y no dejar el continuo contacto. No olvidemos jamás que en la vida cristiana no hay nada definitivo hasta que no estemos el Casa del Padre. Mientras estemos de camino, podemos perdernos. Nunca dejemos de escuchar la Palabra, de seguir al Ma-estro, de ser dóciles, como Jesús, María y todos los santos, al Espíritu Santo. María es el Modelo acabado de esta actitud, por eso Jesús nos la dejó como Madre.
Dios nos bendiga a todos.
Unidos e oración con María, nuestro Auxilio:
P. José Mª Doménech SDB

¿SERÁ VERDAD QUE AÚN HAY AMIGOS? (Mons. José Alemani Grau)

Reflexión dominical 27.06.10


¿SERÁ VERDAD QUE AÚN HAY AMIGOS? (Mons. José Alemani Grau)

Ayer a orillas del mar estreché la mano de un amigo, en un compromiso para la Virgen.
En aquel momento pensé:
Precisamente hoy la liturgia (en el oficio de lecturas) nos ha presentado la hermosa imagen de una gran amistad bíblica, David y Jonatán.
Comentando el libro primero de Samuel el beato Elredo, tiene una bella reflexión sobre la amistad auténtica.
Jonatán mantiene una fidelidad absoluta a su amigo David.
Para entenderlo mejor hay que saber que Jonatán era el sucesor natural de su padre Saúl, en el reino de Israel.
Sin embargo se lo jugó todo, “sin atender a su estirpe regia ni a su futura sucesión en el trono, hizo un pacto con David precisamente cuando huía de su padre, cuando estaba escondido en el desierto, cuando estaba condenado a muerte, destinado a la ejecución… lo antepuso a sí mismo ensalzándolo y diciendo: “Tú serás el rey y yo seré tu segundo”.
¡Qué ejemplo de amistad verdadera!
Todos persiguen a David y sólo Jonatán “el único que podía tener algún motivo de envidia”, juzgó que tenía que oponerse a su padre y ayudar a su amigo, aconsejarlo en tan gran adversidad y prefiriendo su amistad al reino de Israel.
Cuando Saúl, su padre, condenó a muerte a David, Jonatán no traicionó a su amigo sino que se encaró con su padre diciéndole: ¿Por qué va a morir David? ¿Qué ha hecho?
David se jugó la vida cuando mató al filisteo; bien que te alegraste al verlo, ¿por qué va a morir ahora?”
Su padre maltrató a Jonatán que, sin embargo se mantuvo fiel a su amigo porque era totalmente injusto el proceder de Saúl.
El beato Elredo termina invitándonos también a nosotros:
“Esta es la verdadera, la perfecta, la estable y constante amistad:
* La que no se deja corromper por la envidia.
* La que no se enfría por las sospechas.
* La que no se disuelve por la ambición.
* La que, puesta a prueba de esta manera, no cede.
* La que, a pesar de tantos golpes, no cae.
* La que, abatida por tantas injurias, se muestra inflexible.
* La que, provocada por tantos ultrajes, permanece inmóvil”.
Después de leer esto no queda más que escuchar las últimas palabras del beato:
“Anda, pues, haz tú lo mismo”.
Qué bien nos viene en estos tiempos cuando todo se vende y tantas veces falta la fidelidad que aprendamos en la misma Biblia lo que es el verdadero amigo:
“Un amigo fiel es un refugio seguro; el que lo halla ha encontrado un tesoro.
¿Qué no daría uno por un amigo fiel? ¡No tiene precio!
Un amigo fiel es como un remedio que te salva; los que temen al Señor lo hallarán.
El que teme al Señor encontrará al amigo verdadero” (Si 6,14s).
Y los Proverbios (17,17) añaden: "El amigo ama en todo tiempo y es como un hermano en tiempo de angustia".
Ahora, pues, que por un lado es tan difícil la fidelidad y por otro la gente tiene la mente tan sucia, que lo bueno piensa que es malo y le encanta lo malo, estas palabras bíblicas sobre la amistad nos abren a todos un horizonte hermoso porque, en fin de cuentas, Jesús se nos presenta como el mejor de los amigos. Y nos muestra su amistad de dos formas:
Entregándonos su vida humana: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”.
Y entregándonos su vida divina: “Les he dado a conocer todo lo que sabía de mi Padre”.
Aprendamos a estrechar nuestras manos en sinceridad y aprendamos a ser fieles.
Tenemos que recordar también a Jonatán que juró una amistad eterna a David delante de Dios y la cumplió hasta la muerte.
Concluyamos con el hagiógrafo que dice:
Jonatán repitió el juramento hecho a David, por la amistad que le tenía, porque lo quería con toda su alma.

José Ignacio Alemany Grau, Obispo

lunes, 14 de junio de 2010

SACERDOTES EN EL CORAZÓN DE CRISTO (Mons. José Alemani Grau)



Normalmente todos somos poco agradecidos.


Me encantaba el obispo Juan de Chulucanas que siempre daba gracias a todos, especialmente a los sacerdotes, hasta por las cosas más pequeñas.


Creo que una de las cosas que más debemos agradecer siempre a Dios es habernos dejado a los sacerdotes.


Por eso quiero transcribir las palabras con que el cardenal Cañizares terminaba su reflexión con los sacerdotes, para que las hagamos nuestras:


Después de agradecer a los que “me han ayudado a ser lo que soy y que de ningún modo merezco ser: un sacerdote, sencilla y gozosamente un sacerdote”, añadía:


“Doy las gracias, por ejemplo, a ese gran sacerdote de mi pueblo, durante 45 años, que entre las numerosas manifestaciones de su caridad de buen pastor, fue capaz de dejar su casa a los apestados y cargó a espaldas a los muertos para darles digna sepultura.


Doy las gracias al sacerdote ejemplar y apostólico que me llevó al seminario y me orientó a través de ese camino que ha llenado de alegría mi vida.


Quiero dar las gracias a tantos sacerdotes que están dedicando toda su vida a las misiones, a los países más pobres y al servicio de los más pobres, de los que nadie se preocupa… los numerosos sacerdotes que trabajan en el anonimato de las ciudades, que tienen que afrontar dificultades generadas por una corriente de secularización fortísima y cambios de mentalidad, debidos a una nueva cultura…”


Yo también quisiera que todos nosotros tomáramos conciencia de lo que es para cada uno de nosotros, para la Iglesia y aun para la humanidad el regalo que Jesús nos dejó: los sacerdotes.


Sabemos muy bien que últimamente han salido al aire las debilidades de algunos hermanos sacerdotes. ¡Es la pobreza que cargamos!


Quizá, incluso, puede ser que para algunos esto mismo les haya hecho entrar en crisis de fe si no han sido capaces de mirar más allá de la prensa y pensar que detrás de estas debilidades de un grupo pequeño se encuentra un ejército de cuatrocientos mil sacerdotes valientes, comprometidos y fieles al celibato que le ofrecieron a Jesús como una prueba de su amor.


Ellos son la gran riqueza de la Iglesia de Jesús que, en el fondo, tantos envidian.


Es importante que frente a esa difamación surja entre nosotros una conciencia clara de lo que significa el tesoro que nos ha dejado el Buen Pastor, cuya fiesta celebramos hoy.


Benedicto XVI nos explica así que Jesús apacienta a su grey a través de los pastores de la Iglesia: “Es Jesús mismo quien la guía, la protege, la corrige porque la ama profundamente. Pero el Señor, pastor supremo de nuestras almas, ha querido que el colegio apostólico, hoy los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, y los sacerdotes, sus más preciosos colaboradores, participaran en esta misión suya”.


Es bello considerar que Jesús mismo es quien actúa en los sacerdotes. En efecto, mediante ellos nos devuelve la paz, en el confesonario, nos alimenta en la Eucaristía y nos enseña en las Escrituras.


“Los presbíteros son presencia sacramental de Cristo, sacerdote y Buen Pastor de nuestra vida…. Son de por sí un don de Dios a los hombres… ofrecen a Cristo en persona, que es el Camino, la Verdad y la Vida, Luz que ilumina nuestros pasos, Amor que no tiene límites y que ama hasta el final…”.


Estas son palabras del cardenal Cañizares que añade algo muy importante:


“Los sacerdotes no son solo algo conveniente para que la Iglesia funcione bien; más bien hay que reconocer que los sacerdotes son necesarios para que la Iglesia exista”.


A algunos les pueden parecer una exageración estas palabras pero será bueno recordar lo que se nos repitió en el Simposio Teológico del Congreso Eucarístico y Mariano de Lima: “el sacerdote realiza la Eucaristía; es decir, hace presente a Jesús entre nosotros. Por eso sin la Eucaristía no habría presencia de Jesús y por tanto no habría Iglesia”.


Les invito no sólo a agradecer el sacerdocio de la Iglesia sino a aprovecharse bien de los sacerdotes con lo cual Ustedes se enriquecen y nos ayudan a nosotros.


El cardenal Meisner dice a este propósito: “cuando fieles cristianos me preguntan: ¿cómo podemos ayudar a nuestros sacerdotes?, yo siempre respondo: Id a confesaros con ellos”.


Esto quiere decir que cuando le pedimos al sacerdote aquello que corresponde a su ministerio le ayudamos a ser más sacerdote.


Aunque se me acaba el espacio y siento la sensación de no haber dicho nada de lo que pensaba escribir, quiero terminar animando a mis hermanos sacerdotes con estas palabras del cardenal Cañizares: “no os echéis para atrás ante el duro trabajo del Evangelio. Nuestra vida sacerdotal vale la pena; somos necesarios. ¡Ánimo! ¡Adelante!


¡Amad vuestro sacerdocio! ¡Sed fieles hasta el final!


Sabed ver en él ese tesoro evangélico por el que vale la pena darlo todo”.


Después a los demás asistentes a su conferencia les dijo: “Y a todos los demás pido reconocimiento, ayuda, comprensión colaboración y oración por los sacerdotes”.



José Ignacio Alemany Grau, Obispo

lunes, 7 de junio de 2010

CICLO C - TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO X


Entramos a la semana X del tiempo ordinario con la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo.Es mucho más que una fiesta religiosa, con contumbres entrañables, y hasta, en algunos lugares, de valor cultural-turístico, cosa que no tiene nada de malo, sino que habla de la perseverancia y del delicado cultivo de esta tradición en una Comunidad cristiana a lo largo de la historia.Es, sobre todo, la fiesta del alimento de Vida de una Comunidad de Fe.Es la proclamación de la absolta soberanía de Dios, a quien se lo damos todo, para que Él nos haga alimento, al estilo de Cristo Jesús, para el bien de nuestros hermanos y Comunidades humanas, en medio de las que vivimos y a cuya vida servimos con nuestras actitudes.En esta fiesta proclamamos que de Dios lo esperamos todo y por eso nos alimentamos de su Palabra y del don de su Vida en el Hijo Unigénito, encarnado para nuestra Salvación, y entregado en oblación para nuestra santificación y fortaleza, gracias al Espíritu que logra que, lo que la materia y la carne no puede hacer, lo consiga el Amor y la docilidad del que escucha con humildad, obedece con sencilla valentía y se abandona con intrépida audacia a las manos del Padre Providente.Comulgar es decirle al Señor que puede contar con nosotros, aunque seamos débiles, frágiles y pequeños; limitados e ignorantes en muchas cosas, pero que buscamos conocerle cada día más y mejor, pues nos fiamos de Él como lo que es, Nuestro Maestro, Nuestro Salvador, Nuestro Guía, Nuestro Señor.Es la fiesta en la que renovamos nuestra voluntad de ser Cuerpo de Cristo-entregado para el bien y la Salvación de nuestro mundo, éste en el que vivimos, y no siempre comprendemos demasiado.Comulgar significa testificar que queremos vivir como el Señor en medio de nuestros hermanos, sin pedirles permiso, pero ofreciendo toda la riqueza que el Amor de Dios nos confía para ellos.Comulgar significa que la palabra que escuchamos con atención de labios de la Iglesia, que nos habla en nombre de Dios, queremos vivirla con docilidad y transmitirla con fidelidad a nuestros hermanos, las personas que viven con nosotros, ciertamente sin imposiciones, pero también sin silencios cómplices, y tal vez cobardes. Es muy posible que no tengamos elocuencia en las palabras, pero pedimos en cada comunión que el Señor nos dé su Espíritu para que la elocuencia esté en nuestras vidas sencillamente claras y directas, sin rincones oscuros ni escondrijos para escondernos.Dios nos bendiga a todos para que seamos en el mundo la Luz, la Sal, la Fuente de Agua Viva, el Fuego y el Perfume de Cristo que Él desea y nos encomendó ser. ¡Para eso se quedó como Alimento de Vida y Fortaleza para las pobres y débiles vasijas de barro en las que está el tesoro de Vida Nueva para toda la humanidad.Que María, nuestro Auxilio, nos acompañe en nuestro caminar. Ella, la Madre y Maestra sabrá ayudarnos para que sepamos escuchar a Cristo Jesús y, así, lo logramos.Unidos en oración con María, nuestro Auxilio:P. José Mª Domènech SDB