lunes, 7 de junio de 2010

CICLO C - TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO X


Entramos a la semana X del tiempo ordinario con la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo.Es mucho más que una fiesta religiosa, con contumbres entrañables, y hasta, en algunos lugares, de valor cultural-turístico, cosa que no tiene nada de malo, sino que habla de la perseverancia y del delicado cultivo de esta tradición en una Comunidad cristiana a lo largo de la historia.Es, sobre todo, la fiesta del alimento de Vida de una Comunidad de Fe.Es la proclamación de la absolta soberanía de Dios, a quien se lo damos todo, para que Él nos haga alimento, al estilo de Cristo Jesús, para el bien de nuestros hermanos y Comunidades humanas, en medio de las que vivimos y a cuya vida servimos con nuestras actitudes.En esta fiesta proclamamos que de Dios lo esperamos todo y por eso nos alimentamos de su Palabra y del don de su Vida en el Hijo Unigénito, encarnado para nuestra Salvación, y entregado en oblación para nuestra santificación y fortaleza, gracias al Espíritu que logra que, lo que la materia y la carne no puede hacer, lo consiga el Amor y la docilidad del que escucha con humildad, obedece con sencilla valentía y se abandona con intrépida audacia a las manos del Padre Providente.Comulgar es decirle al Señor que puede contar con nosotros, aunque seamos débiles, frágiles y pequeños; limitados e ignorantes en muchas cosas, pero que buscamos conocerle cada día más y mejor, pues nos fiamos de Él como lo que es, Nuestro Maestro, Nuestro Salvador, Nuestro Guía, Nuestro Señor.Es la fiesta en la que renovamos nuestra voluntad de ser Cuerpo de Cristo-entregado para el bien y la Salvación de nuestro mundo, éste en el que vivimos, y no siempre comprendemos demasiado.Comulgar significa testificar que queremos vivir como el Señor en medio de nuestros hermanos, sin pedirles permiso, pero ofreciendo toda la riqueza que el Amor de Dios nos confía para ellos.Comulgar significa que la palabra que escuchamos con atención de labios de la Iglesia, que nos habla en nombre de Dios, queremos vivirla con docilidad y transmitirla con fidelidad a nuestros hermanos, las personas que viven con nosotros, ciertamente sin imposiciones, pero también sin silencios cómplices, y tal vez cobardes. Es muy posible que no tengamos elocuencia en las palabras, pero pedimos en cada comunión que el Señor nos dé su Espíritu para que la elocuencia esté en nuestras vidas sencillamente claras y directas, sin rincones oscuros ni escondrijos para escondernos.Dios nos bendiga a todos para que seamos en el mundo la Luz, la Sal, la Fuente de Agua Viva, el Fuego y el Perfume de Cristo que Él desea y nos encomendó ser. ¡Para eso se quedó como Alimento de Vida y Fortaleza para las pobres y débiles vasijas de barro en las que está el tesoro de Vida Nueva para toda la humanidad.Que María, nuestro Auxilio, nos acompañe en nuestro caminar. Ella, la Madre y Maestra sabrá ayudarnos para que sepamos escuchar a Cristo Jesús y, así, lo logramos.Unidos en oración con María, nuestro Auxilio:P. José Mª Domènech SDB

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