sábado, 21 de mayo de 2011

6º Día: MARÍA Y LA PUREZA DE CORAZÓN

Transcripción de la Homilía del P. José Antonio Pachas SDB

6º Día: MARÍA Y LA PUREZA DE CORAZÓN

¿Qué sucede con una casa, cuando ésta, por mucho tiempo, no es habitada por persona alguna? Sucede que esta casa se irá llenando de basura, se llenará de polvo, se llenará la telaraña. ¿Qué sucede cuando un camino por mucho tiempo no es transitado por la gente? Sucede que este camino, se llenará de maleza, vendrán animales feroces y rondarán por ese camino. ¿Qué sucede cuando en el corazón no se encuentra Dios? Sucede que el corazón se llena de pecado, se llena de tinieblas, de oscuridad, y entonces no podemos ver a Dios.

Esta noche Jesús nos habla por sexta vez, desde lo alto del monte espiritual de las bienaventuranzas. Jesús esta noche nos invita a no detenernos en el camino a seguir subiendo; estamos invitados a seguir perfeccionándonos; debemos estar muy atentos para acoger en el corazón lo que él, nos quiere enseñar en esta noche. Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios; el premio que Jesús nos está prometiendo, es la visión de Dios; ver a Dios. La condición que nos pide para alcanzar este premio tan grande, es tener el corazón puro. Pero allí hay una dificultad, queridos hermanos ¿y cuál es esta dificultad? Sucede que a Dios nadie lo ha visto jamás, nadie en esta vida puede contemplar el rostro de Dios. La Sagrada Escritura es clara en este aspecto. Dicen no se puede ver a Dios y seguir viviendo. Hay un pasaje en el Antiguo Testamento; Moisés, en el monte quería ver el rostro de Dios, Dios le hablaba, un día le dijo: Señor, déjame ver tu rostro; hazme este favor y dice el escritor bíblico, que Dios le habló diciéndole: Mi gloria pasará delante de ti, podrás ver mis espaldas pero mi rostro no lo verás jamás y efectivamente pasó delante de Moisés, la gloria de Dios y Moisés, apenas pudo ver su espalda. Este relato simbólico nos quiere expresar esta limitación que tenemos en nuestra vida terrenal. Toda nuestra vida ansiamos ver el rostro de Dios, como dice el salmista, tu rostro buscaré Señor, no me escondas tú rostro. Toda nuestra vida ansiamos ver el rostro de Dios, cara a cara; sin embargo, el rostro de Dios, sólo lo veremos, después de nuestra muerte; lo que los teólogos llaman visión beatifica, visión feliz; contemplar cara a cara el rostro de Dios; es algo que nos está reservado solamente después de la muerte. En esta vida es imposible. Entonces nos preguntamos que Jesús en esta bienaventuranza nos está engañando; porque nos promete ver a Dios; en esta vida no podemos ver a Dios. No será que él nos está prometiendo algo que es imposible para nosotros, queridos hermanos. Jesús no nos engaña, vamos a tratar de descubrir los misterios que están ocultos en la sexta bienaventuranza. Jesús no se refiere el ver a Dios cara a cara, no se refiere a la visión beatifica, Jesús nos está hablando de la posibilidad que tenemos todos los seres humanos de contemplar a Dios en el propio interior, de ver a Dios en el propio corazón, si es que tenemos el corazón limpio. Porque si el corazón está lleno de oscuridad no podemos encontrar a Dios en nosotros.

¿Dónde buscamos a Dios? Queremos verlo, queremos alcanzarlo, lo buscamos aunque siempre es Él, el que nos encuentra. Pero donde buscamos a Dios. Sucedió que Dios dice, un cuento quería esconderse del ser humano, para que el hombre no lo encontrara, pero no sabía dónde y entonces reunió a todos sus ángeles, para que cada uno le diera un consejo, ¿dónde puedo esconderme de este hombre que descubre todo? y los Ángeles, uno a uno, comenzaron a darle su consejo. Uno le decía súbete a la montaña más elevada, donde el hombre no pueda llegar; escóndete en lo más profundo del mar allí no te encontrarán; otro le decía esconderte en la selva más enmarañada de seguro que no te van a encontrar. Y así uno a uno, le fueron dando su consejo. Por último habló el ángel más anciano le dijo: escóndete en el corazón del hombre, es el último lugar donde te van a buscar. No nos sucede a nosotros lo mismo queridos hermanos. En nuestra vida no ocurre la sabiduría que encierra este cuento. Estamos buscando a Dios por todas partes, siempre lo buscamos por fuera; nos olvidamos que ya desde nuestro bautismo Dios habita en el corazón de cada uno de nosotros y es allí donde tendríamos que buscarlo primeros.

San Agustín, ese gran santo de la Iglesia, casi al final de su vida escribió una obra muy bonita y muy famosa se llama “Confesiones”. Narra su vida, la experiencia que él tuvo de Dios, allí se encuentran unas hermosas palabras que constituyen una hermosa oración, que Agustín le eleva a Dios y más o menos le dice lo siguiente: ¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé¡ y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba. Mis queridos hermanos nos afanamos por buscar Dios, quisiéramos encontrarlo pero siempre lo buscamos afuera; olvidamos de que Dios vive en el propio corazón.

Dios hizo el universo queridos hermanos, cada cosa creada Dios dejó la huella de su ser, de tal manera que en la creación podemos contemplar algo de Dios. Soy capaz de contemplar la hermosura de una rosa; esa hermosura me habla del hermosura infinita de Dios, porque Dios es su creador; si yo puedo contemplar la dulzura de una madre; esa dulzura maternal me habla de la dulzura infinita de Dios. Cuando creó al ser humano les puso un amor muy especial, a diferencia de los demás seres. Dios nos amó, amor de predilección, quiso dejar su huella en nosotros; hizo algo más Dios, a cada uno de nosotros nos ha creado a su imagen y semejanza; en tu corazón y en mi corazón no solamente hay huellas de Dios. Ayer decíamos que cuando somos misericordiosos, nos parecemos a Dios. quiso Dios grabar, inscribir esta imagen divina en nosotros. Dios quiso hacerlo en el propio corazón; Cuando hablo de corazón, no me refiero a ese órgano que late y bombea sangre; cuando hablo de corazón me refiero a aquel lugar que constituye lo más íntimo a uno de nosotros, el lugar donde en mi propia intimidad, Dios me habla; donde yo puedo conversar con Dios allí en lo más íntimo de mí mismo. En lo más íntimo de mí mismo, Dios ha querido grabar su propia imagen; está imagen cuando está limpia como el sol, brilla, es radiante, pero sucede en nuestra vida que conforme vamos creciendo el pecado aflora en nuestra vida; conforme crecemos nuestros pecados se hacen más grandes, más pesados. ¿Qué hace el pecado con esta imagen tan brillante que habita en el interior?, el pecado la opaca, la oscurece, hace que el corazón se llene de tinieblas. Aquella imagen que está llamada a resplandecer brillante como el sol; poco a poco se va convirtiendo en oscuridad algo parecido a lo que sucede con un bello metal. Alguna vez podemos contemplar un metal completamente limpio y bello podemos ponerlo bajo la luz del sol y el metal brilla, es mas hasta podríamos contemplar nuestro rostro en ese metal. Que sucede si de pronto ese metal se ve corroído, poco a poco se va oxidando, se va llenando de herrumbre, ese metal pierde su brillo, pierde su belleza, bajo el sol ese metal corroído, no lo puede reflejar mi rostro; debo traer una lija y comenzar a limpiar el metal tratando de sacarle esa herrumbre Y conforme voy limpiando el metal otra vez ese metal va recuperando su brillo, otra vez ese metal va recuperando su belleza, hasta que queda completamente limpio , realmente puedo reflejar mi rostro bajo la luz del sol. Si has comprendido el ejemplo aplícalo a tu propio corazón. Cuando tú corazón esté limpio de pecado como un sol que brilla mírate por dentro y podrás contemplar en ti la hermosura de Dios que anida en tu corazón y en mi corazón. Para limar mi propio corazón y para que no se vea opacada la bella imagen de Dios, Jesús te espera en el sacramento de la reconciliación no importa que haya pasado una semana que haya pasado un mes, que haya pasado una año, no importa que hayan pasado muchos años, lo que importa es que Jesús quiere perdonarte por dentro, Jesús quiere purificarte, lavarte, Pablo, había sido un recaudador de impuestos y tenía fama de ladrón, llegó a ser un gran apóstol que, dio su vida su vida por el Señor. Cuánto puede hacer en la vida de un hombre una mirada cariñosa. Que diferente sería nuestra vida queridos hermanos si aprendiéramos a mirarnos diferente y esto solamente sucede, cuando tenemos limpio el corazón.

Otro día mientras Jesús estaba en el templo enseñando se acercó una multitud alborotada ¿que estaba sucediendo? traían a una mujer arrastrando, la mujer había sido sorprendida infraganti pecando, estaba engañando su marido. La gente miraba a esa mujer que arrastraban con ojos físicos, la gente tenía sucio el corazón ¿y que veían en esa mujer? veían a una pecadora, que tenía que morir. Maestro hemos sorprendido a esta mujer engañando su esposo, según la ley, tiene que morir. ¿Tú qué dices? y Jesús que tenía limpio el corazón contempló a la mujer no con los ojos físicos, la contempló con los ojos el corazón, fue más allá de las apariencias, vio en esa mujer; si bien pecadora, vio a una hija de Dios que estaba arrepentida; que quería ser perdonada y que quería cambiar de vida. Hija nadie te ha condenado, yo tampoco te condeno, yo te perdono, andar tranquila y no peques mas, y aquel día la vida de esa mujer cambió, porque hubo un hombre que la miró con mirada limpia y ese hombre tenía limpio el corazón, Cristo Jesús, el hijo de Dios. Podríamos y preguntarnos ¿y nosotros como nos miramos, los unos a los otros? ¿Cuándo miras a tu hermano o, a tu hermana te queda solamente en las apariencias? ¿Cuándo miras a tu hermano o, a tu hermana lo haces solamente con los ojos físicos?; si corazón esté limpio puedes contemplar en ti la presencia de Dios presencia de Dios, y esa presencia de Dios que hay en ti; te permitirá contemplar a tus hermanos con los ojos del corazón, iras más allá de las apariencias y podrás descubrir que en tu hermano y en tu hermana también habita Dios.

La Virgen María, tenía limpio el corazón, si Dios la amó desde la eternidad, no fue pos su dinero, María no lo tenía, si Dios amó a la Virgen desde la eternidad no fue por su condición social, era una mujer pobre, tampoco fue por sus estudios, no los tenía, quizás ni siquiera sabía leer ni escribir, si Dios amó María desde la eternidad, la amó porque tenía limpio el corazón. Nunca en el corazón de María hubo la, más mínima mancha de pecado. Hemos escuchado el saludo del Ángel. El Ángel le dice: alégrate llena de gracia, la que tiene el corazón puro, la que nunca ha tenido pecado y nunca lo tendrá. En griego se dice “Quejaritomene”, es la única vez que este texto aparece en toda la Biblia y solamente se aplica a la Virgen María, la llena de gracia la de corazón puro.

Pidámosle pues queridos hermanos en este sexto día en la Novena, a esta Virgen querida, limpio corazón pidámosle que por su intersección obtengamos de Dios la gracia de purificar nuestro propio corazón. Esta vida podemos contemplar lo allí en nuestro propio corazón, después de la muerte podremos contemplarlo cara a casa, tal como Él es, y así con un corazón limpio, no solamente contemplemos a Dios, sino también aprendamos a contemplarlo presente en cada uno de nuestros hermanos, porque en el corazón de cada hermano habita Dios de una manera misteriosa. Que el Seño nos bendiga, nos acompañe y nos ayude a hacer realidad en nuestra vida esta hermosa bienaventuranza que un día Jesús proclamó desde lo alto de la montaña Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.

Francisco Rosas Castillo

Salesiano Cooperador

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