viernes, 14 de enero de 2011

San Juan Bosco


SAN JUAN BOSCO
El Presbítero, Padre y Maestro de la juventud, fundador de la Sociedad de San Francisco de Sales, del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora y los Cooperadores Salesianos, nació en el año de 1815 en IBecchi, demarcación de Morialdo, aldea de Castelnuovo (hoy Castelnuovo Don Bosco).
Hijo de humildes y sencillos padres campesinos, buenos y, sobre todo, muy cristianos. A los dos años quedó huérfano del padre.
Margarita, su buena y santa madre, era iletrada, pero muy inteligente y sabía de memoria muchos pasajes de la Historia Sagrada y del Evangelio. Creía en la necesidad de rezar, esto es, de hablar con Dios, para tener la fuerza necesaria para vivir y hacer el bien.
Es así, que Juanito Bosco recibió de ella una profunda educación cristiana basada en la fe y en la práctica coherente del mensaje evangélico, así como un gran amor a la Santísima Virgen María, junto con un gran respeto hacia los sacerdotes. Todo esto quedó profundamente impreso en su alma. Su madre le enseñó las oraciones. Le hacía ponerse de rodillas con sus hermanos por la mañana y por la noche y todos juntos rezaban El sacerdote vivía lejos, por lo que resultaba difícil ir a aprender el Catecismo con él, por lo que Mamá Margarita les enseñaba todo lo que debían saber.

El Sueño de los Nueve Años
Cuando Juanito Bosco tenía nueve años tuvo un sueño premonitorio que le ayudaría a comprender la misión que el Señor le habría de encomendar.
En sus memorias Don Bosco nos narra lo sucedido: Anoche tuve un sueño... “Me parece estar junto a la casa, en un paraje bastante espacioso, donde había reunida una muchedumbre chiquillos en pleno juego. Unos veían, otros jugaban, muchos blasfemaban. Al oír las blasfemias, me metí en medio de ellos, para hacerles callar a puñetazos e insultos.
“En aquel momento apareció un hombre muy respetable, noblemente vestido, su rostro era tan luminoso que no se podía fijar en él la mirada. Me llamó por mi nombre y me dijo: « A estos amigos tuyos no los vas a ganar con golpes, sino con la mansedumbre y la caridad. Ponte, pues, ahora mismo a enseñarles la fealdad del pecado y la hermosura de la virtud.»
“Aturdido y espantado, le dije que yo era un pobre muchacho ignorante e incapaz de hablarles de religión a aquellos chicos. En aquel momento, mientras yo hablaba los muchachos cesaron en sus riñas y me rodearon. Sin saber casi lo que decía, añadí: «Pero, ¿quién es usted para mandarme éstos imposibles?» «Precisamente porque esto te parece imposible, debes convertirlo en posible con la obediencia y la adquisición de la ciencia que necesitas.» «¿Cómo podré adquirir la ciencia?» «Yo te daré la Maestra, bajo cuya disciplina aprenderás esa sabiduría sin la cual todo otro estudio será una tontería.» «Pero y¡¿quién es usted para hablarme de esta manera?!» «Yo soy el hijo de Aquella, a quien tu madre te acostumbró a saludar tres veces al día.» « Mi madre, precisamente, me ha enseñado a no meterme con gente que no conozca sin su permiso. Dígame su nombre.» «¿Mi nombre?, pregúntaselo a mi Madre.»
En aquel momento vi, junto a Él, una señora de aspecto majestuoso, vestida con un manto que resplandecía como el sol. viéndome cada vez más desconcertado, me indicó que me acercarse a ella y tomándome bondadosamente de la mano: «¡Mira!», me dijo. Al mirar, me di cuenta de que aquellos muchachos habían desaparecido, y en su lugar había una multitud de cabritos, perros, gatos, osos y otros animales más.
«He aquí tu campo, he aquí en donde debe trabajar. Hazte humilde, fuerte y robusto, y lo veas que ocurre en estos momentos con estos animales, lo deberás tú hacer con mis hijos.» Volví entonces la mirada, y que, en vez de los animales feroces, aparecieron otros tantos mansos corderitos, que, haciendo fiestas al Hombre y a la Señora, saltaban y bailaban su alrededor. En aquel momento, siempre sueños, me eché a llorar. Pedí a la Señora que me hablarse de modo que pudiera comprender, pues no alcanzaba a entender que quería representar todo aquello. Entonces Ella me puso la mano sobre la cabeza y me dijo: «A su debido tiempo lo comprenderás todo.» Dicho esto, un ruido me despertó y desapareció la visión. Quedé muy aturdido. Me parecía que tenía deshecha las manos por los puñetazos que había dado, y me dolía la cara por las bofetadas recibidas.”
Al hacer la narración de este sueño a su familia, todos echaron a reír. Cada cual quiso interpretar el sueño a su manera. Decía José: “Tú serás pastor”. Antonio aseguraba con dureza: “Capitán de bandoleros”. Y la madre: “¡Quién sabe si un día serás sacerdote!”. Pero la abuela dijo la sentencia definitiva: “No hay que hacer caso a los sueños”. Juanito era de la opinión del abuela pero nunca pudo echar en olvido aquel sueño.
Los años siguientes quedaron profundamente marcados por él. Margarita, su madre había entendido que el sueño señalaba un camino.

JUANITO BOSCO
Desde muy pequeño demostró poseer grandes y extraordinarias cualidades nada comunes. Era agradable, simpático, perspicaz, agudo, inteligente, trabajador; cualidades que supo aprovechar para entretener a los de su edad con juegos que alternaba con la oración y la instrucción religiosa.
Una de las primeras prácticas religiosas, en las que Juanito Bosco participó fue el Rosario. Era por entonces, la oración de la tarde de todos los cristianos. Las familias se reunían para repetir cincuenta veces el Ave María evocando en cada una de ellas a sus hijos, a los campos, a la vida y a la muerte.

III - MARGARITA OCCHIENA, LA MADRE DE DON BOSCO.
A la muerte de Francisco, su esposo, apenas con 33 años, Margarita, analfabeta y pobre, se convirtió en cabeza de familia con tres hijos José, Juan, su hijastro Antonio, hijo del primer matrimonio de Francisco, también bajo su cuidado estaba la suegra, anciana y paralítica. Poco después de haberse quedado viuda recibió la propuesta de un matrimonio muy ventajoso, pero los niños habrían sido confiados a un tutor. Ella lo rechazó sin dudarlo un minuto: “Dios me dio un marido y me lo quitó. Al morir él, me confió tres hijos y yo sería una madre cruel si los abandonase en el momento en que tienen mayor necesidad de mí.” A partir de ese momento se dedicaría a cumplir su deber de educadora en esta misión.
Margarita manifiesta sus dotes excepcionales: su fe, su virtud, su saber hacer, su sabiduría de campesina Piamontesa y de verdadera cristiana llena del Espíritu Santo. Sabía adaptarse a cada uno de sus hijos. Mamá Margarita resulta ser una gran educadora y una excelente catequista de sus hijos. Se sirve de cualquier circunstancia para hacer reflexionar a sus hijos y orientarlos adecuadamente. Antonio había perdido a su mamá a la edad de tres años y a su papá a la edad de nueve años. Había llegado a ser un adolescente irritable y joven gruñón. Al final de 1830 procedió a la división de los bienes, casas y terrenos. Antonio, que se quedó solo, no tardó en casarse y tuvo siete hijos. Totalmente reconciliado con los suyos, será un buen padre de familia, muy estimado, y un cristiano fiel.
José cinco años más joven, era dulce, conciliador y tranquilo inseparable de su hermano Juan. Sufría sin envidia la ascendencia de él. Adoraba a su madre y durante los largos años de estudio de Juan será el hijo obediente, trabajador en el que ella podrá apoyarse. También él se casará joven, a los 20 años, con una muchacha del pueblo, María Colosso, con la que tendrá diez hijos.
Juan quería estudiar. Mamá Margarita, que deseaba favorecerlo en este su deseo, encontró oposición decidida de Antonio. Con el corazón destrozado le manda entonces a trabajar durante 20 meses como criado en la granja de la familia Moglia (1828-1829) Solo después de que Antonio adquirió su autonomía, mamá Margarita tuvo la posibilidad de mandarlo a la escuela pública de Castelnuovo (1871) y luego a Chieri, donde pasará diez años (1831 - 1841). Cuatro en Escuela Pública y seis en el Seminario Mayor. Aquél fue para Margarita un periodo finalmente tranquilo, feliz, lleno esperanza.
Antes de ingresar al Seminario, para estudiar, tiene que hacer mil oficios para ganarse el pan y pagarse los estudios: guardián de vacas, campesino, carpintero, sastre, peluquero, mozo de café, pastelero, zapatero, etc. Las dificultades no le hacen perder la alegría. Incluso funda un club llamado “La sociedad de la alegría”.

IV - DON BOSCO SACERDOTE
Cuando llegó a recibir la sotana, su madre, aquella santa mujer, le dijo con voz cariñosa pero con una gran firmeza: “Puedes imaginarte, hijo mío, la gran alegría que embarga mi corazón, pero, por favor, no deshonres nunca este hábito. Sería mejor que lo abandonaras... Cuando viniste al mundo te consagré por entero a la Virgen María; cuando comenzaste los estudios te recomendé la tierna devoción hacia ella; ahora te encarezco que seas todo de ella... si llegas a ser sacerdote, recomienda y propaga siempre su devoción...”
Ordenado sacerdote, tomó como programa de vida el lema: “Da mihi animas, coetera tolle” (Dame almas y llévate todo lo demás) y empezó su apostolado con los jóvenes más pobres, para los que fundó, más adelante, el Oratorio que puso bajo el patrocinio de San Francisco de Sales .
Era de mente brillante, así que se le presentan tres oportunidades de trabajo, pero, siguiendo el consejo de su director espiritual, don José Cafasso, va a Turín y se inscribe en cursos de pastoral. Allí une a los estudios teóricos la práctica pastoral guiado por don Cafasso, especialmente en las cárceles. Las escenas de jóvenes encerrados en calabozos, sin hacer nada y expuestos a la corrupción, le destroza el corazón.
El 8 de diciembre de 1841 se encuentra con Bartolomé Garelli, un muchacho pobre. Con el rezo de una Ave María siembra la primera semilla de su misión.
Al contacto con los muchachos va forjando un Sistema Educativo que llamará Sistema Preventivo, fundado en tres pilares: Razón, Religión y ‘Amorevolezza', amor manifiesto. Al respecto don Bosco decía lo siguiente: ... “Los jóvenes no sólo debe ser amados, sino que ellos mismos deben darse cuenta de que de veras son amados... Los Superiores amen lo que agrada a los jóvenes y entonces los jóvenes amarán lo que agrada a los Superiores. De este modo, su trabajo se tornará fácil.. Quién quiere ser amado debe hacer ver que ama. Quién sabe qué es amado, obtiene todo, especialmente tratándose de los jóvenes. Ésta confianza establece una corriente eléctrica entre los jóvenes y los superiores. Los corazones se abren y manifiesta sus fallas. Este amor hace que se soporten los trabajos, los fastidios, las ingratitudes, las molestias, las faltas, las negligencias de los jovencitos.”
Inculca a sus hijos y a los jóvenes el amor a la Eucaristía, a la Virgen y al Papa.
Su vida la gasta enteramente para salvar a los jóvenes. “Toda mi vida, hasta el último respiro, será para ustedes", dice a sus muchachos, quienes se sienten profundamente amados por él.
En 1875 envía a sus primeros misioneros al nuevo mundo. Desde entonces, cada año el superior del momento, desde la Basílica de María Auxiliadora de Turín, ha enviado misioneros al mundo entero. Actualmente son 130 los países que en los 5 continentes respiran el espíritu salesiano. Unos 16 mil quinientos salesianos mantienen viva la llama encendida por el pastorcito de IBecchi.
La fiesta de don Bosco, declarado Padre y Maestro de la juventud, se celebra el 31 de enero.
Con su estilo de educación y praxis pastoral, basados en la Razón, en la Religión y en el Amor patente y explícito (Sistema Preventivos), conducía a adolescentes y jóvenes a la reflexión, a encontrarse con Cristo y con los hermanos, a la educación en la fe y su celebración en los sacramentos y al compromiso apostólico y profesional. Uno de los frutos más hermosos de su pedagogía es Domingo Savio, uno de los santos más jóvenes de la Iglesia y el más joven no mártir.
Fuente de su actividad incansable y de la eficacia de su acción fue su Caridad Pastoral, alimentada por una unión constante con Dios y una confianza ilimitada en María Inmaculada y Auxiliadora, a la que veía como inspiradora, maestra y apoyo de toda su obra.
A sus hijos, los salesianos, les dejó como herencia una forma de vida sencilla, pero sólidamente cimentada en las virtudes cristianas, sintetizadas en el binomio “Trabajo y templanza”, esta forma de vida se llama Espiritualidad Salesiana, que es, en sí misma, juvenil y pedagógica.
Buscó entre sus jóvenes a sus mejores colaboradores y con ellos dio origen, en 1857, a la Sociedad de San Francisco de Sales. Con Santa María Doménica Mazzarello fundó el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.
Con buenos y activos seglares, varones y mujeres, creó los Cooperadores Salesianos para que, como ‘salesianos externos’, estuvieran al lado de su obra y la sostuvieran, se adelantaba así a nuevas formas de apostolado seglar en la Iglesia.
El rezo de un Ave María fue el primer eslabón de esa maravillosa cadena de oratorios donde miles de niños abandonados encontraron, y siguen encontrando, calor, educación, comida, vestido y cobijo cariñoso como en su propia casa.
Mamá Margarita y su hijo se desvivían por ayudar a aquellos jóvenes que gracias a él, llegarían a ser buenos cristianos y honrados ciudadanos.
Dos eran las armas de que se servía, don Bosco, para formarles: la Eucaristía y la Penitencia. Estos dos sacramentos obraban maravillas y milagros, pero él siempre atribuía el mérito a la Virgen Auxiliadora.
Antes de su muerte, en 31 de enero de 1888, vio su obra extendida por varias naciones del mundo.

V DON BOSCO FUE UN HOMBRE QUE:
Vivió y enseñó a vivir una santidad basada en el amor.
Asumió la vida como una vocación.
Vivió en la presencia de Dios, mostrando un amor filial hacia Él manifestado en el amor y dedicación total hacia la juventud necesitada
Presentó su santidad personal como meta concreta de su pedagogía, convirtiendo su modo de educar en un verdadero camino de santidad.
La base de su santidad fue una experiencia humana muy sólida e importante, desde su propia familia.
Comprendió que la santidad y vida cristiana se manifiesta en la vida cotidiana, sin necesidad de buscar ocasiones extraordinarias.
Cultivó una gran devoción a la Virgen María, vivida como Inmaculada y como Auxilio de los cristianos, verdadera Madre en quien se puede confiar y primera interesada en salvar a la juventud por la fuerza de la pureza-castidad y de la solidaridad cristianas.
Siempre estuvo consciente de que la santidad no se alcanza en un día, sino que se requiere del esfuerzo permanente y constante de dejar a Dios actuar libremente en cada uno y así poder obtenerla.
Tuvo como ejemplos testimonios concretos de santidad, el más influyente fue San Francisco de Sales.

VI - LA SANTIDAD DE SAN JUAN BOSCO
La tarea de don Bosco no fue nada sencilla, por el contrario tuvo que superar muchos inconvenientes y dificultades para poder realizar a plenitud el plan de vida que se había trazado. Pero, a pesar de los problemas que se le presentaban, jamás dejaba de vivir la espiritualidad cristiana con alegría, lo que a la vez servía de ejemplo a sus muchachos para poder alcanzar la santidad.
La santidad que propone Don Bosco es alcanzable en la vida diaria, obteniéndose mediante la alegría, responsabilidad, cumplimiento de los deberes, perseverancia y hasta en la misma diversión; es decir, todo puede acercarnos a Dios, pero siempre y cuando se tenga como continuo soporte los sacramentos de la Eucaristía y Reconciliación. Por ellos se puede vivir la Santidad Salesiana, que es:
Tener a Cristo como modelo y Maestro en el camino de la santidad
Ser fieles a nuestro proyecto, a nuestra identidad salesiana.
Vivir la fidelidad de lo cotidiano. Obediencia responsable centrada en el deber
Asumir el camino de ascesis: el trabajo y la templanza
Alimentar nuestra fuerza interior con la oración y los sacramentos
Cuidar momentos que permitan controlar la dispersión y el activismo: Retiro Mensual, Ejercicios Espirituales anuales, momentos litúrgicos fuertes y vida comunitaria.
Uno de los consejos de don Bosco fue: “Propaguen la devoción a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora y verán lo que son los milagros.”

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