lunes, 20 de diciembre de 2010

La Historia de la Navidad

La Historia de la Navidad

Una historia anunciada con siglos de anticipación. Jesucristo es el único ser humano que al nacer ya tenía escrita su historia, y con siglos de anticipación. El profeta Isaías había anunciado que nacería de una Virgen. El profeta Miqueas anunció que nacería en Belén. Y así, muchísimos datos de su vida fueron anunciados con precisión por los profetas. El ángel Gabriel anunció a María que el niño se llamaría Jesús y que su reino jamás tendría fin

El famoso libro Martirologio Romano, en el cual se narran las historias de los santos de cada día, presenta de la siguiente solemne manera la fecha de Navidad

"2.000 años después de Abraham; 1.500 años después de Moisés; 1.000 años después de David. Cuando se cumplieron las 70 semanas de años anunciadas por el profeta Daniel (490 años), en el año 752 de la fundación de Roma y en el año 42 del reinado de César Augusto, cuando toda la tierra estaba en paz, en la sexta edad del mundo, Jesucristo, Dios eterno, e Hijo del Eterno Padre, con el deseo de salvar al mundo, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, y cuando hubieron pasado nueve meses de su concepción, nació en Belén de Judá, de la Virgen María y se hizo hombre, para nuestra salvación

El evangelio de San Lucas narra muy detalladamente cómo fue el nacimiento de Jesús en Belén. Cuenta lo siguiente: Por aquel tiempo salió un decreto del emperador César Augusto mandando hacer un censo y cada uno debía ir a inscribirse en el pueblo donde había nacido. Así que José y María tuvieron que viajar desde Nazaret hasta Belén a inscribirse allá (tres días de camino).

Pero al llegar a Belén no encontraron puesto para hospedarse en ninguna casa (no porque las gentes no quisieran darles hospedaje sino porque habían llegado tantas personas de otras partes que ya no había ninguna habitación libre). Solamente había hospedaje en el mesón común, o sea un corral grande donde llegaban las gentes con sus animales y pasaban allí la noche. Pero José vio que ese no era sitio para ellos. Entonces alguien le avisó que por allí cerca había una cueva donde los animales se refugiaban cuando hacía frío, y en esa cueva, en el pesebre de echar el pasto a los animales, allí nació el Hijo de Dios y Salvador del mundo, el 25 de diciembre del año cero.

Día mil veces feliz y bendito para siempre. San Pablo dice: "Jesús siendo inmensamente rico en el cielo, se hizo totalmente pobre en la tierra para salvarnos". Sea para siempre bendecido por esta su gran generosidad.

Por allí cerca, en los campos de Belén estaban unos pastores cuidando por turno sus ovejas y de pronto oyeron unos cantos en el cielo y vieron aparecer un gran número de ángeles que cantaban: "Gloria a Dios en el cielo, y paz en la tierra a los hombres que aman al Señor". Los pastores se asustaron pero los ángeles les dijeron: "No tengan miedo. Les anunciamos una gran noticia: hoy en Belén ha nacido el salvador del mundo. Lo encontrarán en un pesebre, envuelto entre pañales". Los pastores fueron corriendo y encontraron al Niño Jesús junto a María y José y lo adoraron y le ofrecieron sus pequeños regalos.
El Pontífice San León hablando de la fiesta de Navidad decía: "Reconoce oh cristiano cuán grande es el valor de tu alma, si el mismo Dios quiso hacerse hombre y nacer como un niñito pobre, con tal de salvarte".
Con razón San Agustín afirmaba: "Siendo Dios tan rico y tan sabio y poderoso no encontró otro regalo mejor para darnos, que enviarnos a su propio Hijo a que se hiciera hombre para salvar nuestra alma"

Son más los que salen cada mañana a buscar el rostro de Dios, que los que descubren cómo Dios trata amorosamente de abrirse paso hasta el corazón humano.

Dios sigue siendo bandera discutida. Unos dicen: “Para enriquecer a Dios debe empobrecerse el hombre; para que Dios sea todo, debe el hombre ser nada” (Feuerbach). Pero otros, contemplando a Jesús dijeron: “Siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza” (San Pablo).

Algunos lo ven como un ser lejano, distante, ajeno al bien de los hombres y mujeres del mundo. Pero otros descubren que su gozo y su gloria se realizan con más plenitud allí donde de modo más verdadero y auténtico se realiza nuestra humanidad. Más que señor es servidor de sus criaturas: “La ternura de Dios es tan grande que se entrega al alma como si él fuese su siervo y ella fuese su Señor” (San Juan de la Cruz)

Su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación…


Se alegra mi espíritu en Dios , mi salvador” (Lc 1, 46.49-50).

Cuando decimos que Dios es santo queremos decir que Dios es amor. Y en el amor él da siempre el primer paso. Cuando el amor llamó a las puertas del corazón de María, el Espíritu se hizo en ella plenitud de gracia, el Padre presencia de amor, y el Hijo carne de su carne.

Cuando decimos que Dios es misericordioso queremos decir que nos ama hasta el extremo. María dejó hablar a Dios en su vida, y Dios se hizo cercano. Apareció la vida y se hizo visible el Amor.

Cuando decimos que Dios es salvador queremos decir que nos cura las heridas y nos capacita para amar. Si amamos nos convertimos en creadores, en personas libres. María salió del encuentro con Dios más nueva, más libre, con más capacidad de crear, más llena de esperas.

Cuando nos alegramos en Dios estamos diciendo que él es la fuente de nuestra vida, su sentido más profundo. María, mujer-testigo de Dios, pone flores en nuestra ventana y nos recuerda que Dios entra en la historia para quitar peso a todo oprimido y embellecer la vida de todo ser humano.

“La Virgen María ha sido propuesta siempre por la Iglesia a imitación de los fieles… porque en sus condiciones concretas de vida ella se adhirió total y responsablemente a la voluntad de Dios; porque acogió la palabra y la puso en práctica; porque su acción estuvo animada por la caridad y por el espíritu de servicio; porque fue la primera y la más perfecta discípula de Cristo” (Marialis Cultus, 35).

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