domingo, 9 de febrero de 2014

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO V (P. José Mª Domènech Corominas SDB)

Cristo, Luz del mundo, desea llenar nuestra vida para que podamos ser con todos ‘luz’ y ‘sal’ y así iluminar con la vida y, con ella, llenarlo todo de gozo
Is. 58, 7-10:    Si compartes tu pan con el hambriento y albergas a los pobres sin techo; si cubres al que ves desnudo y no te despreocupas de tu propia carne, entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará la justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás y el Señor te responderá... tu luz se alzará en las tinieblas...
Salmo 1114-9: Para los buenos brilla una luz en las tinieblas
1Cor. 2, 1-5:   Cuando los visité para anunciarles el testimonio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia... Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado... Mi palabra y mi predicación... eran demostración del poder del Espíritu, para que Uds. no basaran su Fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
Mt. 5, 13-16:  Jesús dijo a sus discípulos: «Uds. son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Uds. con la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre un candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en Uds. a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el Cielo.»
Este domingo se nos muestra la grandeza de nuestra vocación. ¿Para qué fuimos consagrados en el Bautismo? Para ser como Cristo en todo ambiente en el que nos encontremos. Para mostrar su presencia y el eterno Amor de Dios hacia todos y cada uno de sus hijos, sobre todo los que más sufran y lo necesiten.
Vivimos en la cultura del “más o menos”. Prima el no-compromiso. Casi todo se hace según la conveniencia del momento y circunstancias que cada uno vive y según sus criterios. Parece que en nuestra cultura no hay nada –ni Dios– que sea mejor que otra cosa por sí mismo: todo “depende de mi visión, gusto...”.
Nuestro mundo tiene el “calor” gélido del dinero y la “luminosidad” de la noche. Nuestra cultura se ha vuelto insípida y con “perfume” artificial y efímero; más parece enferma que en esperanzada maduración.
Dios nos conoce y ama personalmente. Por eso envió a su Hijo y ahora nos envía a nosotros para que demos a toda persona el calor y la brillantez de la Luz de Dios; llenemos toda vida y conducta del sabor de un futuro digno y enaltecedor y exhalemos el perfume de un Amor que no se extinguees el de Dios– sino que crece, dignifica y llena de gozo a toda persona, sobre todo a quien más lo necesita, si se abre.
Es verdad: para dar este calor, luz, sabor y perfume, es necesario mantenerse siempre unido a quien es la fuente de la Luz, de la Felicidad, del Amor, de la Paz, de la Dignidad, de la Vida, de la Plenuitud.
Quien se somete a la cultura del “más o menos”, quien se contenta con no hacer daño –que ya es algo–, quien se deja avasallar por el no asumir nada que implique esfuerzo y disciplina, quien adora la ciencia y la tecnología por encima de la vida y la dignidad de las personas, se impide a sí mismo ser cristiano real.
El cristiano vive comprometido con Cristo, en su Comunidad eclesial, y eso para vivir de tal forma que su conducta sea punto de referencia y encuentro con posibilidades de vida y dignidad que superan el simple portarse bien y no dañar a nadie. Nacimos para madurar la vida dando vida a todos, no para no dañar.
El fuego del Amor de Dios nos da su Paz y Vida, si lo compartimos buscando bien de los demás. Pero para mantener vivo este fuego debemos alimentarlo con la Palabra, los Sacramentos y la Comunidad.

Isaías nos anima a vivir de tal modo que nuestros actos sean restauradores de la vida e iluminen a todos

El profeta anima a los regresados del destierro a ir más allá de los ritos y vivir abiertos al bien del otro.
El ritualismo no los hace pueblo de la Alianza: serán el pueblo de Dios, y luz de vida nueva para todos, si aprender a ser justos, pacíficos y fraternos sobre todo con los que sufren y viven marginados.

Para Pablo anunciar a Cristo crucificado daba sentido y valor a su misión, pues sólo Él llenaba su vida

Lo vital en la evangelización es comunicar la salvación de Cristo, sin buscar ni sabiduría ni prestigio.
Si Cristo nos llena, nos saldrá normal comunicarlo con natural sencillez buscando dar su Salvación.
Lo necesario para difundir la Luz de Cristo es tenerla en el centro de nuestra vida y ser dóciles a ella.

Jesús nos marca cuál es la verdadera misión de sus discípulos: ser luz y sal, lo demás vale si ayuda a eso

Jesús nos dice que debemos es ser sal, dando nuevo sentido a la vida, y ser luz que orienta y serena. Es el único modo de ser cristiano de verdad. Lo demás es engañarnos, perder el sentido y valor en la vida.
El cristiano, si vive identificado con Cristo, es misionero siempre: su vida, palabra y obra es luz y sal.

Pidamos a María vitalizar nuestra Fe y testificar a Cristo con toda la vida, sin jamás escondernos

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