domingo, 12 de enero de 2014

CICLO A – TIEMPO DE NAVIDAD / ORDINARIO – DOMINGO I BAUTISMO DEL SEÑOR (P. José María Doménech SDB)

CICLO A – TIEMPO DE NAVIDAD / ORDINARIO – DOMINGO I
BAUTISMO DEL SEÑOR (P. José María Doménech SDB)
La Salvación es efectiva en mí, si reconozco con sinceridad el pecado. Jesús así lo asumió porque era lo justo y eso dio absoluta libertad a Dios en Él
Is. 42, 1-4.6-7:     Este es mi servidor, a quien yo sostengo..., en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. Él... no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; no... se desalentará hasta implantar el derecho... y las costas lejanas esperarán su Ley. Yo, el Señor, te llamé..., te sostuve..., te formé y te destiné a ser alianza..., luz de las naciones para abrir los ojos a los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.
Salmo 281-4.9-10:   El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hch. 10, 34-38:   Pedro... dijo: «Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas y que... todo el que le teme y practica la justicia es agradable a Él. Envió su Palabra al pueblo de Israel, anunciándoles la Buena Noticia de la Paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos. Uds. saben bien lo que ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. Él pasó haciendo el bien y sanando a todos los que habían caído en el poder del demonio, porque Dios estaba con Él.»
Mt. 3, 13-17:        Jesús... desde Galilea... se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por Ti...» Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto porque es lo justo.»... Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos y vio al Espíritu Santo de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección.»
Dentro del ambiente de propio de la Epifanía, celebramos la fiesta del Bautismo del Señor, que nos abre a lo que la liturgia llama “Tiempo Ordinario”, porque ocupa los domingos que no están en Navidad, en Cuaresma o en Pascua. Es una fiesta en la que se manifiesta la persona de Jesús, como el Hijo predilecto del Padre, el ungido por el Espíritu, el Mesías que nos ofrece la Salvación de Dios para ser sus hijos.
El que hoy iniciamos, es un tiempo en el que aprendemos a mirar al Señor Jesús como los apóstoles, que, escuchando a Juan, le siguieron. La pregunta clave de ellos fue: “Maestro, ¿dónde vives?” y, según el texto, se quedaron con Él; le escucharon, se entusiasmaron y compartieron con otros lo recibido.
La Fe cristiana requiere experiencia viva con el Maestro. Sin eso, no es posible vivir la Fe, ésta se reduce a unos elementos religiosos que no transforman la vida, pues no la logran de mover desde dentro.
Jesús seduce, porque se dejó seducir por Dios, Amor Misericordioso. Hacerse bautizar significaba reconocer que se estaba inmerso en un mundo de pecado, aunque personalmente no lo aceptara. Lo justo era vivir dispuesto –también Él– a la Misericordia redentora que Dios le pedía manifestar. Eso le abre a la unción de Dios con su Espíritu y lo envía como testigo del Amor Misericordioso, que Él vive íntimamente.
La misión de Jesús es para el bien de todos los pueblos, comenzando por el suyo. La transformación de la vida interior es signo de la presencia de la Salvación de Dios que, a veces, comienza con una curación; pero no siempre es así: los apóstoles no fueron curados por Jesús, sino llamados para vivir con Él.

El Mesías vive con el Espíritu de Dios que le llama a dar a todos el Amor hecho justicia misericordiosa

Los pueblos hallan en el siervo de Dios al que ofrece la justicia como misericordia que comprende, guía y salva. La tarea nunca será fácil, pues ahí está el pecado, pero el Señor le ayuda con su Espíritu.
Nos toca a nosotros, como Cristo, ser testigos hoy y aquí, de la alegría de la justicia-salvación de Dios.

La Salvación nos llega porque Jesús vivió del todo consagrado a la Misericordia de Dios, que nos sana

La vida de Jesús orienta la nuestra. Él bautizado en el Espíritu y nosotros, en Él, recibimos el Espíritu.
La fuerza del Espíritu lo lleva a vivir totalmente al servicio de la vida y la paz de los que le rodean.
El maligno, movido por su maldad, nunca cede en sus ataques, pero con el Espíritu de Jesús, que viene del Amor del Padre y del Hijo, jamás sucumbiremos; lo necesario es que vivamos siempre dóciles a Él.

Jesús es el amado del Padre porque se pone a su disposición para el bien de todos: ¡es nuestra vocación!

El bautismo de Juan significa personal voluntad de cambiar de vida: volver a Dios dejando todo pecado.
Jesús se bautiza poniendo toda su vida al servicio de Dios y –abierto a lo que Él le pida– superar el ambiente de pecado. Es la misión de todo bautizado, que se hace uno con Cristo y su Misión salvífica.
En nuestro bautismo el Padre nos asumió como sus hijos predilectos. ¿Crecemos en la Fe cada día?

Pidamos a María, Maestra de vida de Jesús, que nos ayude a crecer en fidelidad a nuestro bautismo.

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