domingo, 10 de abril de 2011

DOMINGO 05 DE CUARESMA

REFLEXIÓN BÍBLICA DOMINICAL Oscar Montero Córdova SDB

DOMINGO 05 DE CUARESMA

Año A (10 de abril de 2011)

Ez 37, 12-14; Sal 129; Rom 8, 8-11; Jn 11, 1-45

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí no morirá para siempre” (Jesucristo


Ya ingresamos al último domingo de esta Cuaresma, el quinto. La otra semana nos zambulliremos con toda nuestra fe y todo nuestro amor en la Gran Semana Santa que tendrá solemne inicio con el Domingo de Ramos. Como un verdadero pedagogo de la fe, el evangelista san Juan nos ha ido presentando una catequesis rica en símbolos: el agua (Jesús y la samaritana), la luz (Jesús y el ciego de nacimiento) y, ahora, la vida: Jesús y la resurrección de Lázaro.

Sin duda, del horizonte del cristiano no puede desparecer la vida. El ya cercano beato papa Juan Pablo II, el año 1995, publicaba una encíclica llamada Evangelium Vitae, reconociendo que “El Evangelio de la Vida está en el centro del mensaje de Jesús” (EV 1). Era y sigue siendo una palabra profética ante la cultura de muerte que predomina en la sociedad actual.

A este propósito, san Juan es el evangelista que más resalta la pasión de Jesús por la vida. Y la pasión del Maestro, debe ser ineludiblemente la pasión del discípulo. En Jesucristo, Palabra de Dios, “estaba la vida que es la luz de los hombres” (Jn 1, 4). El Padre Dios envía a su Hijo único al mundo “para que todo el crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16). Al autonombrarse como Buen Pastor, Jesús explicita el objeto de su misión: “Yo he venido para tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). Y en la cita de hoy, Jesús afirma de sí mismo: “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11, 25).

Pero, tal vez nos parezca que el término vida es muy ambiguo. Pues, el joven que se está drogando expresa dicha experiencia como vida verdadera. O aquel que deshumaniza la sexualidad reduciéndola a un objeto más de consumo confiesa que eso es vida. Entonces, ¿de qué vida habla el Maestro de Galilea? ¿A qué vida está llamada la Iglesia, en especial la Iglesia latinoamericana?

La enseñanza de san Juan para hoy no pretende darnos un elixir de la inmortalidad. La fe en Jesús no es una fórmula o receta médica para prolongar la tan añorada vida. Lázaro retorna a la existencia humana, pero un día morirá. La definitiva resurrección vendrá más adelante. El objeto fundamental de la catequesis de este quinto domingo de Cuaresma es cuestionar al creyente sobre su comprensión y vivencia de la vida. Para los cristianos, la vida sólo cobra sentido desde Jesucristo, “camino, verdad y vida” (Jn 14, 6). ¿Cómo está la calidad de mi vida? ¿Es la relación con Jesús, la fe en Él, el elemento vital de mi existencia?

En la famosa película “Forest Gump”, la madre de éste afirmaba en punto de muerte: “Hijo, la muerte es un solo paso de la vida”. Esta expresión tiene mucho de evangelio si miramos la existencia desde la fe en Jesucristo, nuestra garantía de resurrección. El Mesías de Nazaret no vino a suprimir el dolor y la tristeza de este mundo. San Juan nos narra: “Jesús, viéndola llorar [a María, hermana de Lázaro] (…) y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó (…) Jesús se puso a llorar. Los judíos comentaban: ‘¡Cómo lo quería!’” (Jn 11, 33.35-36). Por el misterio de su Encarnación, “en todo semejante a nosotros, menos en el pecado” (Hb 4, 15), Jesús no se exime de la tragedia de la muerte de los seres queridos. ¿A quién no le duele la muerte de los seres que amamos?

Finalmente, este nuevo signo de Jesús provocó otra crisis entre los judíos. Incluso la vida del mismo Lázaro suscita envidia y odio entre los que no creen en Jesús. “Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él” (Juan 12, 10-11). Y nuestra fe, nuestra vida nueva en Cristo, ¿qué provoca en los demás? En nuestro medio, todavía tolerante ante la religión, no corremos riesgo de ser asesinados; pero sí de ser burlados y hasta excluidos de nuestro círculo social por el tipo de vida que optemos.

Que esta vida, por la que apostó Jesús y la Iglesia de América Latina y el Caribe nos transforme. Les dejo estas hermosas líneas de la última Conferencia del CELAM: “Él es el Viviente, que camina a nuestro lado, descubriéndonos el sentido de los acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la alegría y de la fiesta. Podemos encontrar al Señor en medio de las alegrías de nuestra limitada existencia y, así, brota una gratitud sincera” (Aparecida 356).

No hay comentarios:

Publicar un comentario